Heredar un negocio y no fracasar en el intento

Poner en marcha un negocio familiar plantea, en principio, un reto apasionante del que dependerá el futuro económico de gran parte de sus miembros, que se involucrarán de una u otra manera en todo que pueda necesitar la empresa. Sin embargo, las particularidades de este modelo de empresa también conllevan una serie de obstáculos que se acrecientan a medida que aparece la necesidad de decidir quién tomará las riendas una vez que los fundadores encaren su jubilación. Una cuestión decisiva para la futura supervivencia del negocio y que, muchas veces, no es prioritaria para quienes lo forman.

Según la última Encuesta Mundial de la Empresa Familiar realizada por PricewaterhouseCoopers  (PwC), apenas el 19% de esta clase de negocios en España tienen un plan de sucesión documentado, una hoja de ruta prevista años antes de la jubilación y que permita hacer una transición paulatina del negocio a la siguiente generación. Una decisión crítica, dado que la tasa de supervivencia de las empresas familiares tras el primer cambio generacional es del 30%, porcentaje que se reduce al 15% en el segundo.

La propiedad de este tipo de empresas, sobre todo en las de menor tamaño, se construye de forma exclusiva en torno al núcleo familiar. Su fundador o fundadores, a la hora de retirarse del negocio, tienden a repartir sus acciones entre sus descendientes u otros parientes, sin otro factor que el de la consanguinidad. Como recoge el último barómetro de la empresa familiar en España realizado por KPMG, el 84% de los empresarios encuestados considera fundamental mantener el control del negocio dentro de la familia, y solo el 21% se está considerando en estos momentos designar a un director general que no pertenezca al entorno familiar y que permita mantener la propiedad.

Fijar un protocolo

El protocolo de sucesión es una pieza fundamental, su preparación debe realizarse de manera paulatina a medida que los hijos se van haciendo mayores, si se forman o no en consecuencia a lo que necesita el negocio y debe dejar claro quién puede y no puede entrar en la empresa.

En los casos en que el negocio se reparte de manera equitativa entre varios hijos, se multiplican en la misma proporción la cantidad de personas con voz y voto en el futuro de la compañía, y por tanto, la aparición de conflictos. Aunque a veces sea duro reconocer que algún familiar no es el más idóneo para gestionar el negocio, también existen soluciones para este tipo de casos. Para hacer frente a este problema, resulta idóneo la contratación de personal externo que se encargue de la gestión de la compañía, algo que no afecta a su propiedad y que tampoco debe arrebatarle su esencia familiar. En muchos casos, los miembros de la empresa familiar no han desarrollado otra actividad laboral, lo que complica la decisión de dar un paso a un lado, aunque según los datos del barómetro de KPMG el 72% de las empresas dicen contar con algún directivo externo a la familia.

En 2014,  la encuesta de PwC reflejaba que el 30% de los empresarios tenía previsto traspasar la propiedad, pero no la gestión, a sus “herederos”.

Fuente: cincodías

 

 

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