Los valores en la empresa familiar

Es evidente: las empresas familiares que perduran son competentes. Pero su capacidad no es suficiente, han de ser confiables y la confianza radica en los valores que les dan sentido y las cultivan. La falta de estos valores en la dirección promueve la formación de una cultura operativa neutral y, con frecuencia, genera un vacío en el que se reproducen vicios que la destruyen.

Es por ello que la dirección de la empresa familiar debe abogar por una cultura organizacional sana, competente y confiable, así como por que se viva de manera correcta y concreta. Para ello, el liderazgo ha de caer en los hombros de aquel que conoce el valor del capital humano y sabe hacer lucir lo mejor de las personas, es inteligente y sensible, hace evidente su fuerza y personalidad por su comportamiento íntegro, su carácter firme, su inteligencia clara, su visión trascendente.

El líder ha de saber escuchar y crear confianza, pues el impacto negativo que produce una organización que ya no habla, porque no la escuchan, es enorme.

Cuando se trata de empresas familiares, el director profesional no es el que no es de la familia sino el que resuelve, en forma asertiva, los retos del negocio y contribuye a construir el futuro en el que el crecimiento se manifieste tanto en la empresa como en las personas, y sabe que no hay sistema de trabajo que reemplace o supere el compromiso. Cuando se influye en el ánimo positivo de la gente, se impulsa un factor determinante en el propósito y desarrollo en el nivel organizacional. Para darle sentido de propósito a la organización se requiere que quienes la dirigen profesionalmente tengan visión, compromiso y capacidad de ejecución.

Aunque cabe aclarar que en los negocios no es lo mismo tener visión que vivir de visiones, pues la primera, clara y razonable, genera una actuación congruente a largo plazo, lo que permite ser asertivo para construir futuro, mientras las visiones son una garantía de ineficacia. Sólo una dirección informada, trabajadora, incluyente y objetiva puede enfocarse en la visión, crear valor sostenido y construir una organización sólida y dinámica.

La empresa necesita al jefe como éste necesita a las personas. Y las personas necesitan a la empresa, pero no siempre a un jefe en particular. Por lo tanto, es necesario que éste tenga conocimientos sobre cómo dirigir y dar autonomía a las personas y no manipularlas, capacidad para promover entre ellas una visión compartida que optimice el potencial y el pensamiento constructivo, ya que incrementa las capacidades creativas y el impulso emprendedor.

También evita el desgaste y el desperdicio de tiempo valioso, explota los talentos individuales y colectivos, aprovecha los recursos en su máximo potencial y da así resultados y no explicaciones, pues el abuso de estas últimas ponen rápidamente en evidencia la falta de capacidad del ejecutivo.

Si no se tiene una dirección profesional se nota la ineficiencia cuando el ego, o la falta de experiencia, se sobreponen a las cualidades, la humildad y las habilidades de escucha y observación, y también la pobre ejecución, lo que genera una desalineación de la estructura. Nunca hay explicaciones que satisfagan cuando el resultado es insuficiente y no razonable.

El éxito se construye en el camino, por ello la empresa familiar debe velar por el éxito en el crecimiento y la mejora continua, lo que implica disminuir el costo, aumentar la eficiencia de sus procesos e incrementar la funcionalidad y la calidad de los productos y servicios.

Quien dirige la empresa familiar, miembro o no de la familia, tiene que ser un profesional. No hay que confundir el hecho de ser propietario con la capacidad de dirigir. A continuación detallaré algunas de las características de los directores profesionales, que a lo largo de los años hemos identificado como las más valiosas para el éxito de la empresa familiar.

  • Comportamiento austero, prudente y discreto, sin caer en los extremos.
  • „Demostración de respeto y cordialidad con todos los que trabajan dentro y fuera de la organización.
  • „Humildad y laboriosidad, siempre predicando con el ejemplo.
  • Conducta ética y congruente en su pensar y actuar.
  • „Promoción de una cultura de rendición de cuentas, la transparencia y la comunicación abierta.
  • Conocimiento de la empresa para identificarse con ella y contagiar ese conocimiento y compromiso hacia las demás personas.
  • „Reflexividad y capacidad para utilizar información y obtener sus propias conclusiones.
  • Flexibilidad para los cambios que el entorno requiera y ante las propuestas o cambios de pensamiento que emanen de la propia compañía.
  • Conocimiento de su gente, identificar fortalezas y debilidades para orientarlos a un nivel personal y empresarial más alto, logrando que las personas den lo mejor de sí mismos.
  • „Orientación a la formación para moldear actitudes y mejorar aptitudes. Un directivo que no invierte en sus colaboradores desarrollándoles, brindándoles oportunidades o formándoles profesionalmente, difícilmente se rodeará de las personas más competentes y adecuadas para la organización.
  • Estabilidad emocional para saber comportarse en momentos de dificultad, de bonanza, de innovación o de incertidumbre. Además, dicha estabilidad deberá beneficiar la creación de límites entre los sistemas de empresa y familia cuando sean necesarios.
  • „Capacidad propositiva y creatividad para adaptar, proponer y alentar la innovación.
  • Capacidad de autocrítica para rectificar sus errores, para compartir sus aciertos y para siempre estar en un proceso de mejora continua. Así como realiza autocrítica, debe saber retroalimentar a los demás de manera empática y en favor del desarrollo de las personas y, por ende, de la organización.
  • Respuesta ágil cuando se requiere y capacidad de anticipación.
  • Capacidad para formar equipos y saber ser parte de ellos, protegiendo la unidad e inspirando compromiso.
  • Comunicación asertiva para impulsar el cambio y el aprendizaje y hacer que las cosas sucedan.
  • Orden, disciplina y enfoque en la gestión de todos los días.

Los ejecutivos en las empresas no siempre cuentan con todas estas características, pero cuantas más se tengan mejor; sin embargo, si hay una característica clave, ésta es ser reconocido como líder competente y confiable.

La empresa familiar como empresa es igual a todas: atiende al mercado, construye estructuras, tiene limitación de recursos, necesita rentabilizar la inversión y asegurar sus flujos.

Fuente: Mundo Ejecutivo

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